viernes, 6 de febrero de 2015

Odio estas olas de frío...

Odio estas olas de frío.
Me recuerdan aún más que es invierno
y que no estás aquí.
Y pienso en aquellas tardes 
que pasamos a varios grados bajo cero,
pero al calor de nuestros cuerpos.
Era aquel tiempo en el que no nos importaba
lo que marcase el termómetro.
Y tampoco el reloj. 

martes, 3 de febrero de 2015

Melancolía

Hoy vino a visitarme la melancolía.

Es esa maldita que te recuerda que hubo un antes 

en el que los dos compartíamos la misma luna

y, a veces, hasta contábamos juntos las estrellas.

Es la misma estúpida melancolía que me trae memorias del ayer,

ese en el que nuestras risas eran capaces de hacer música,

aquel tiempo en el que solo vivíamos para llegar a la noche

y batirnos en duelo bajo las sábanas. 

Ese era entonces nuestro campo de batalla,

el único sitio donde estábamos realmente interesados en la lucha.

La jodida melancolía que trae al presente un pasado

que era al mismo tiempo alegre y triste,

que nos sanaba cuando nos heríamos

y nos hacía daño cuando intentábamos curarnos.

Miserable melancolía que cuando se marche 

dejará un vacío tan inmenso e interminable

como los días sin horas, minutos ni segundos que contar, días sin fin.

Y cuando te vayas, perversa melancolía

solo me dejarás con ganas de dar una patada

que consiga alejar toda esa memoria;

aunque entonces seguro que opto por lo de siempre:

inventar un día al que poder ponerle un punto y final.

Febrero...

Felicidad,o similar
Emocionarse,
Bailar,
Reír. Sí, y también
Echarte de menos,
Recordarte y no querer
Olvidarte.

miércoles, 21 de enero de 2015

Deja de preguntar por qué

Deja de preguntar por qué.
No intentes buscar una explicación al hecho de que nunca estemos en el mismo lugar
y tampoco intentes descubrir porqué cuando visitamos sitios comunes
no lo hagamos a horas exactas.
Lo sabes. Tú, como yo, sabes que hubo un tiempo en el que nos dedicamos a hacer nudos entre nosotros
y también sabes que cuando alguno de los dos conseguía deshacer uno,
cuando estábamos a punto de acortar esa distancia unos centímetros,
en el otro extremo, tú o yo, andábamos anudando de nuevo.
Creamos una especie de puente, cada vez más complicado y más extenso,
y a veces dejamos pasear a gente por él
sin darnos cuenta que al pasear, también pisaban.
Mientras, nosotros deambulábamos sin dar pasos concretos
pero tampoco teníamos el valor de derrumbar aquel espacio que nos separaba.
No éramos, si quiera, capaces de acabar con lo que nos quedaba. Y eso que era casi nada.
Por todo eso, deja de lanzar interrogantes.
No me salvaste, no te salvé.
No te salvaste, no me salvé.
No nos salvamos.
No preguntes por qué. Yo, en ocasiones, tampoco lo sé.