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domingo, 16 de octubre de 2016

A favor de la palabra

“Las palabras son mentiras, trampas”.

No, la palabra tiene que ver con la lingüística, o con la representación gráfica de aquello a lo que se refiere. Un conjunto de letras, un grupo de fonemas, que reunidos y junto a otras palabras comunican nuestro mundo y nuestro ser.

Las palabras solo son mentiras en algunas bocas; y confusiones en algunos oídos. Y se vuelven trampa cuando nos dejamos enredar en ellas sin usar la razón, sin comprenderlas ni valorarlas. Pero es nuestro error; ellas solo cobran vida cuando decidimos articularlas o escribirlas.

Mas, si aquella afirmación fuera cierta y las palabras son mentiras, ¿a quién engaño cuando escribo? Quizá sea víctima de mis propios embustes, cuentacuentos sin historia veraz y sin remedio; diccionario vacío en un cuaderno escrito, compositora sin significado ni significante…

Y si así fuese, ojalá caigas en la trampa alguna vez y te dejes liar por la duda, el deseo, la afirmación, la emoción, la reflexión y el sinfín de expresiones implícito en cada una de ellas.


Y si así fuese, ojalá también las uses con ganas y con pasión, con compromiso, libertad, tolerancia y respeto; y crees historias y en el debate de si mentira o realidad, sueñes con ellas y con ellas hagas soñar.   

lunes, 11 de julio de 2016

La vida, sin maquillaje

Me gusta la vida sin maquillaje, auténtica.
Y eso significa aceptar sus vicisitudes, los golpes, las caídas, las despedidas anunciadas y las que acontecen sin previo aviso.
Admitir que ahogaremos las penas en alcohol seco -con la controversia que ello supone-, que habrá heridas que nunca cicatrizarán, lágrimas que jamás dejarán de brotar (al menos en el alma).
Esto supone también aprobar que el camino, sea cual sea el destino, no se recorre en un día, que acariciaremos la meta pero no la sobrepasaremos, que, en ocasiones, las circunstancias nos obligarán a darnos la vuelta en mitad del trayecto.
Tolerar que hay historias que no terminaremos, igual que hay libros que no concluimos y palabras que ya no diremos.
Pero solo en esta vida sin añadiduras ni aditivos valdrá la pena la felicidad (recordad, aquellos instantes fugaces, efímeros). Únicamente cuando no nos empeñemos en pintar de rosa aquello que no es, podremos apreciar lo que realmente vale la pena aunque no necesite moneda de cambio: las sonrisas cómplices sin la presencia de un objetivo fotográfico, miradas que brillan al sentirse observadas, el tacto de una piel, el olor impregnado en tu ropa tras un abrazo (y el deseo de que se quede allí algún tiempo),...
Y más: la satisfacción de cumplir uno de los diez mil sueños que anhelamos, de aprender algo nuevo cada día, de darse cuenta que el momento es ahora y no vas a ponerle ni un pero.
Entender que a la vida no se le debe poner filtros.
Comprender que la vida tiene un color a cada rato y, a veces, es maravilloso. 

martes, 31 de diciembre de 2013

Desmontando a 2013

Le quedan horas a este 2013. Fue un año diferente; y es probable que en esa distinción halle la justificación de que también ha sido especial, aunque existan circunstancias que no hayan variado tanto como me hubiera gustado.

Siguió la crisis durante estos doce meses, y fue incluso más cruda de lo que había sido anteriormente, por lo que continué llamando a puertas (que no se abrieron) y seguí ideando caminos (algunos muy reconfortantes) con el objetivo de llegar alguna vez a la meta deseada. Aun así, me siento agradecida por las pequeñas oportunidades que aparecieron y que me hicieron sentirme útil otra vez. Inventé retos personales para obligarme a realizar con asiduidad una tarea, la de escribir, que siempre ha sido una fuente de placer, de autoconocimiento, de expresión de ideas y sensaciones. Escribir, que es lo que de algún modo siempre quise hacer; escribir, que es lo que me enseñaron. Sí, me estoy refiriendo a este blog, que me ha dado grandes satisfacciones y que es un espacio único y que siento muy personal a pesar de compartirlo con todos aquellos que alguna vez se pasaron por aquí y a los que doy gracias infinitas por ello, porque sus visitas, sus comentarios, alimentan mis ganas de seguir uniendo palabras con algún sentido y fin.

Y ahora que empiezan a salir las cosas buenas no se me puede olvidar que pude disfrutar de los míos más que nunca; que descubrí quiénes eran los amigos de verdad y me di cuenta que no eran otros que aquellos que no se alejaron, a pesar de mi distancia; pude sentir, como nunca y como siempre, la ciudad que a mi me hace sentir; y ésta puso en mi vida personas de esas que sabes que serán imborrables, de esas que te marcan y que te regalan sapiencia y experiencia sin pedir nada a cambio…

En 2013 aprendí a ser paciente y comprendí que cada cosa tiene su momento. Pero también que no vale la pena rendirse porque no es cierto que haya trenes que pasan solo una vez en la vida; algunos lo hacen en más ocasiones y solo hay que tener el valor de cogerlos. Intenté tomar decisiones por mi misma sin dejar que lo ajeno o externo repercutiese en ellas. A lo largo de estos doce meses me convencí de que verdaderamente hay cosas que no merecen la pena, sobre todo cuando encuentras batallas en las que te ofrecen motivos reales por los que luchar. Y algo parecido sucede con las personas, aunque en este caso, siempre duela más. Por eso creo que acerté en diversos ámbitos, aunque no quedé libre de cometer errores. Me equivoqué; y seguramente más veces de las que yo recuerdo. Pido perdón a aquellos que se ofendiesen con mis fallos.

Me afilié al grupo de los optimistas porque los años (el 2013 fue el de los 30) me han enseñado que el ánimo influye más de lo que pensamos en lo que nos acontece y cómo nos acontece -aunque obviamente haya cosas que se escapen a nuestra razón-, y por ese mismo motivo he preferido sonreír, por encima de mis posibilidades incluso, porque, aunque cueste tanto en estos tiempos que nos han tocado, es lo mejor que podemos hacer para enfrentarnos a cualquier tipo de situación molesta e incómoda. La tristeza, como decía Flaubert, es un vicio, así que mejor buscar otro tipo de adicciones; la vida nos ofrece cosas maravillosas, solo hay que descubrirlas o aprender a valorarlas.

Después de lo dicho, creo que lo más inteligente es recibir a 2014 con el mismo positivismo con el que decidí enfrentarme a este año que se nos va. Otro inolvidable, porque todos tienen algo, o alguien, que lo convierten en eso, en inolvidable… 

P.D. Y, por supuesto: ¡Feliz Año Nuevo a todos! 

jueves, 24 de octubre de 2013

24 de Octubre

En este día en el que toca defender la educación, porque aún no nos hemos enterado de que debería ser intocable, me he levantado acordándome de "La historia de la gran torre" que Augusto Cury incluye en su obra Padres brillantes, maestros fascinantes. Me la narraron hace unos meses (por cierto, una profesora de la escuela pública enamorada de su profesión y defensora de la enseñanza) y aunque no deja de ser un cuento al que no le falta alguna dosis de utopía, es también muy revelador y nos lleva a comprender la importancia no solo de la educación sino también el papel fundamental de los docentes dentro de la sociedad.

Comienza así (y os animo a que la busquéis y la leáis):

Si la mitad del presupuesto de gastos militares de todo el mundo se invirtiera en educación, los generales serían jardineros, los policías poetas y los psiquiatras músicos. La violencia, el hambre, el miedo, el terrorismo y los problemas emocionales estarían en las páginas de los diccionarios y no en las de la vida...

lunes, 23 de septiembre de 2013

334 kilómetros

334 kilómetros me separan de Cádiz en este momento. Sé que a lo largo del año he dejado caer en varias ocasiones, y en otros espacios, cuán importante ha sido esta etapa para mi. Ahora quiero detenerme un poco más.

Siempre me he adaptado a los sitios en los que he vivido: disfruté mucho de mi estancia en Sevilla, también, aunque no tanto, de mi etapa en Jaén, y reconozco que el lugar donde nací es siempre especial, sobre todo por la gente que lo habita y que forma parte de mi vida. Cádiz era una meta, un sueño…y ha sido siempre un amor platónico que este año se convirtió en real y que viví apasionadamente, como me enseñaron a vivir las cosas.

Me he preguntado muchas veces por qué es tan especial. Supongo que porque una parte de mi está hecha de retazos de aquella tierra o tal vez sea porque allí he encontrado siempre la fuerza para levantarme o la energía para seguir adelante y plantearme nuevos objetivos. Pisar aquel lugar, respirar su aire, embriagarme de su aroma siempre me saca una sonrisa.

Aquel rincón me ha renovado, me ha hecho plantearme miles de cosas y me ha enseñado tanto… Allí he aprendido que la amistad no tiene edad y que las personas más inesperadas pueden darte lecciones de vida; he comprendido lo importante que es inventar mil ideas, algunas absurdas, para que los que no están en su mejor momento salgan a flote; y que hay que brindar por cosas tan simples como un día de sol. He tenido que reconocer que nuestra primera vocación no es siempre la única y que hay muchos ámbitos en los que podemos llegar a ser competentes; que tenemos que perdernos en diversas ocasiones porque solo así encontraremos los caminos adecuados; y que andar acompañado puede reportarnos gratas experiencias.
Al sur del sur me he dado cuenta de lo maravilloso que puede resultar desorientarse en una ciudad con encanto; que hay ocasiones que no se podrán describir nunca; y que ver el mar cada día es un auténtico regalo. He aceptado que hay cosas que no pueden ser; que las cosas que antes no me gustaban hoy pueden volverme loca; y que donde menos lo esperas surge lo inesperado.


En Cádiz he aprendido a echar de menos (y por eso me duele tanto esta distancia). En Cádiz he aprendido…que me queda mucho por aprender.

jueves, 25 de julio de 2013

Cal y arena

Hoy ha amanecido oscuro. Muy oscuro. Otra tragedia. Dolor, consternación, impotencia, horror, desolación, pánico… No hay suficientes palabras para describir lo que podemos llegar a sentir ante un suceso así.  Miles de por qué que, aunque tengan respuesta algún día, no terminaremos nunca de comprender del todo.

Lo que sí entiendo, lo que sí puedo valorar en un día como hoy es el inmenso trabajo realizado en las últimas horas por médicos, enfermeros, servicios de emergencias, bomberos, policías… Son algunos de los sectores públicos a los que está afectando y afectarán las medidas del Gobierno. Quizás, dentro de unos días, haya que pararse a reflexionar sobre la valía de estos trabajadores que ayer abandonaron huelgas y dejaron de pensar en los recortes para dar una clase magistral de profesionalidad.

Admirables las miles de personas anónimas que salieron a las calles para prestar su ayuda a las víctimas. Ellos son los verdaderos héroes de este país y hoy, a pesar de la tristeza, me siento orgullosa de ser española. Hoy sí. Increíble también la movilización a través de las redes sociales, la inmediatez con la que trabajaron muchos medios de comunicación y que, por desgracia, contrasta con la postura que escogieron muchos otros…

Indignación con las televisiones de este país y que con dos y tres canales la mayoría de ellas no fueron capaces de dedicar espacios informativos de calidad para tratar un hecho como este. Decidieron mantener su parrilla veraniega (series y programas infinitas veces repetidos y películas de cuestionable calidad) antes de ofrecer datos verídicos de lo que estaba aconteciendo y difundir la importancia de, por ejemplo, donar sangre. Hoy se cuelgan medallas a través de imágenes, con declaraciones y testimonios sensacionalistas mientras siguen sin aclararse con las cifras. Y no voy a hablar del copia y pega realizado por otros. Cinismo.



Mi último, y en realidad único, pensamiento de este post es para las víctimas y sus familiares. Fuerza en estos duros momentos. Y una vez más, ánimo Galicia. 

viernes, 12 de julio de 2013

Curriculum

En estos días he estado actualizando mi currículum. Hacía casi un año que no realizaba esta labor y había que completar el apartado de formación académica, experiencia, cursos... Es satisfactoria esta renovación si pienso en los conocimientos adquiridos y en la posibilidad de trabajar en campos hasta ahora desconocidos por mi. Sin embargo, en esos instantes en los que iba incluyendo datos no podía tampoco rehuir de la sensación de incertidumbre y es inevitable preguntarme: ¿y ahora qué? ¿merecerá alguna vez la pena tanto esfuerzo? Quiero pensar que sí. 
En esos momentos me he acordado también de los miles de jóvenes con currículos insuperables que han tenido que hacer las maletas y son ahora la mano de obra de Europa. Quizás vuelvan un día, quizás no.
También he pensado en aquellos que no saben hasta donde podrán completar su formación, ni si quiera si alcanzarán las metas que se habían propuesto porque tal vez no dispongan de los medios para llegar a ellas.
Y, por último, han estado en mi mente aquellos padres y madres que tantos esfuerzos hicieron para que sus hijos estudiasen lo que quisiesen; aquellos que lo único que pretendían era dar "un porvenir mejor". Un porvenir que ya es este presente que nos ha tocado vivir, que nos están arrebatando y donde, a pesar de todo, tenemos que mantener la ilusión, insistir y buscar y aprovechar cada una de las oportunidades que pudiesen presentarse. Sin llegar a conformarnos, es lo que nos queda.  

miércoles, 3 de julio de 2013

Despedida

Las paredes han quedado despojadas de los adornos que la ornamentaron los últimos meses; los cajones ya se encuentran vacíos y al mirar alrededor observo demasiados espacios y huecos libres. Mientras, el corazón se reparte entre aquellas personas y rincones que me dieron los efímeros instantes que yo llamo felicidad, y los recuerdos se acomodan para revivirlos y volver a ellos si al vértigo le da alguna vez por retornar. Y así, sin saber definir ni describir muy bien lo que siento, llega el final. 

sábado, 29 de junio de 2013

Hablando de besos


Un beso es solo una muestra de cariño. No tiene porque ser el principio ni el final de nada, aunque en ocasiones nos sirva para decir bienvenido o adiós. A veces es una necesidad, otras el fruto de la curiosidad, puede ser un ejemplo de rebeldía, e incluso un acto de egoísmo o de traición. Puede fingirse o darse desde el alma.

Pero cuando a un beso le precede una sonrisa cómplice, un deseo interior, pasional, empiezas a ser consciente de que esa caricia entre vuestros labios te va a terminar desmontando, vas a perder el control y ya no valdrá de nada que uses tu lado más racional. Y entonces... entonces lo único que te queda es dejarte llevar.