domingo, 8 de marzo de 2015

Ese te echo de menos...

Ese "te echo de menos" que sirve para eliminar cicatrices
y, al mismo tiempo, abrir heridas. 

Términos lingüísticos 2

Lo fácil que era conjugar el presente -te quiero-
y lo que me resigno al pretérito imperfecto -te quería-.

jueves, 5 de marzo de 2015

No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas

Hace tiempo que no recomiendo un libro aunque no ha sido por falta de lecturas
porque igual que puedo pasar semanas leyendo solo prensa o versos de nuevos poetas, cuando me animan las novelas soy capaz de enganchar una detrás de otra.

He de reconocer que el libro de Laura Norton al que estoy dedicando estas líneas me despertó interés porque su título hizo que se me escapara una sonrisa y pensase "anda que es mentira". No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas podría no haber resultado atractivo más allá de la portada pero es una novela simpática con algunos momentos incluso de carcajadas. Y hay que reírse, es una necesidad diaria.

Además una se encuentra en sus páginas situaciones que de tan disparatadas podrían llegar  a parecerse a la vida misma porque, en ocasiones, la realidad nos parece surrealista y es porque realmente lo es. Y se muestra tan similar a la vida que en aquellos casos en los que las cosas van mal pueden ponerse aún peor. O no.

Muy entretenida y con pequeñas dosis de emoción, me quedo como siempre con una de sus frases que dice algo con lo que yo he estado de acuerdo a ratos porque es igualmente cierto que no siempre ocurre así: 

"cuando una da un paso valiente, a la vida, al destino o la suerte le da por seguirte la corriente y te facilita las cosas"

domingo, 1 de marzo de 2015

Marzo

Llega el tiempo de sosiego y crees que la paz también está a la vuelta de la esquina;

confías en que llega el turno de que el martillo de los recuerdos deje de golpearte,

que las palabras de aquellos mensajes a los que te aferraste van a empezar a perder la tinta

y que aquella música ya nunca más será la que escuches en busca de emoción.

Eso piensas.

Luego, cuando paseas, encuentras huellas que te resultan conocidas,

y la oscuridad te teletransporta a las noches de encuentros y desencuentros,

terminas imaginando que regresan los susurros que tanto decían al resto del mundo

y vuelven también las miradas que delante de todos, solo pertenecían a dos.

Entonces te das cuenta de que aunque la calma ha vuelto, el invierno no se ha marchado,

y apuras los últimos días de frío antes de que el sol de marzo te haga ser consciente

de que tu sombra te acompaña y, a veces, no necesitas nada más.