domingo, 15 de marzo de 2015

Retrato de algunos domingos

Domingos que no amanecen hasta el mediodía,

con regusto a la amarga ginebra de la noche anterior;

los ojos rojos por el humo de los cigarrillos,

el cansancio de una noche en la batalla

y un arsenal de promesas que en seis días se incumplirán.

Ganas de nada -mucho menos de pensar sin pensar en ti-.

A pesar de la desgana leo en la prensa que la vida sigue igual,

o peor, que el mundo no se paró y que siguen en pie los corruptos

mientras que aquí y allí continuan cayendo los míos.

Escucho música para amansar a la fiera que se instala cada domingo en mi,

esa que se arrancaría la piel y entregaría el corazón,

la misma a la que le falta el aire cuando acaba la semana

y no termina de encontrar el lugar y el tiempo para ser feliz.

Justo cuando empiezo a pensar que las sábanas vuelven a estar frías

y van a vengarse de mi desorden llevándome a un lunes que es siempre caótico

aparecen las musas para recordarme que anoche bebía con amigos

y hoy van a ser ellas las que me sirvan las copas,

esta vez llenas de letras.

Con una luna distinta y distante, me traen esta madrugada

las palabras que fui incapaz de decir ayer,

las frases que no pude construir el pasado mes,

los poemas que nunca había llegado a componer.

Me faltan hojas en blanco, velocidad para escribir,

memoria para almacenar tantas ideas...

De pronto me paro y pienso: siempre tuve razón,

los domingos de resaca son inspiradores.

Quizás por eso me emborracho los sábados,

para embriagarme de nuevo los domingos.

viernes, 13 de marzo de 2015

La felicidad tiene tu nombre

La felicidad tiene el nombre de un continente, de un trozo de la Tierra con atardeceres indescriptibles y con pueblos que cada amanecer sueñan con un despertar. Un continente que al Norte tiene el Atlántico, un océano de esperanza que lo une con mi sur; y desde el sur anhelo su norte y si alguna vez alcanzo el norte sentiré nostalgia del sur.

La felicidad tiene el nombre de un país, un espacio sin fronteras, con democracia y libertad. Un país sin himno pero con bandera, de color blanco, y que tendrá inscritas en tonos azules dos palabras: respeto y tolerancia.

La felicidad tiene el nombre de una región con un alma tan inmensa que parece infinita. Guarda las huellas de las civilizaciones anteriores para que no se pierda el pasado y apuesta por un futuro de metas alcanzadas. Y entre el pasado y el futuro prevalece el presente de sus pueblos y los sueños posibles de sus ciudadanos.

La felicidad tiene el nombre de una ciudad, un lugar habitado y habitable, con monumentos con historia y bloques de pisos con historias; y con edificios públicos con mucho cuento. Una ciudad con avenidas que piden ser atravesadas en un coche con las ventanas abiertas, y con calles estrechas a las que regresamos para renovar las promesas que nunca cumplimos y hacerlas así inmortales.

La felicidad tiene tu nombre porque eres el lugar que guarda mi continente, mi país, mi región y mi ciudad soñadas. Y eres tú la playa donde tumbarme a esperar que llegue el verano, la cueva en la montaña donde resguardarme del frío del invierno, el parque desde donde veo cómo caen las hojas de los árboles en otoño y el mes de abril que resucita cada día a la primavera.

La felicidad tiene tu nombre porque eres el punto de partida y el de llegada. Tú, el destino de todos mis viajes.

Y yo, sin saberlo.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Niveles del dolor

El pinchazo con una aguja o un pellizco en el brazo:
dolor breve, y leve.

El metafórico puñal por la espalda,
la traición de un amigo:
dolor intenso.

El beso que no te daré mañana porque esta noche se cuenta por horas
y nunca se convertirá en eternidad:
Amar duele.

No volver a verte nunca jamás.
Maldita la palabra sin solución ni recuperación. Muerte:
Dolor irreparable.

lunes, 9 de marzo de 2015

Juegos

Te encontré.

Pensaba que jamás conseguiría hallar la pieza que le faltaba a mi puzzle. Y no me equivocaba; de hecho, por más que busqué bajo el sofá no di con ella. Venía defectuoso de fábrica.

Pero ahora que estás tú he cambiado el lugar en el que entretenerme y también el juego. Estamos en el casino y me he convertido en la banca. Sí, la que siempre gana.